La mayor escuela online de guitarra

Sobre mí

Empecé a tocar la guitarra con siete años. La dejé con diecisiete. Y volví a cogerla, unos años después, por una razón que no tenía nada que ver con las partituras: quería que otras personas sintieran lo que se siente cuando una canción se vuelve tuya.

De dónde vengo

Diez años de conservatorio

Entré en el conservatorio a los siete años, a estudiar guitarra clásica. Salí a los diecisiete, con el grado elemental y el grado medio terminados. Diez años de solfeo, de dictado musical —no hay nada más difícil, te lo prometo—, de armonía, de partituras memorizadas nota a nota.

Y de escenarios. Aprendí lo que son los nervios de verdad, los que te agarran las manos justo cuando más las necesitas. Aprendí a organizarme entre el colegio de la mañana y lo que yo llamaba el colegio de la tarde. Aprendí disciplina, autocontrol, a conocer cómo reacciona mi cuerpo delante de un público. Aprendí a repetir un compás doscientas veces sin perder la cabeza.

Y me dio algo que no viene en ningún plan de estudios: amigos. Tardes enteras entre clase y clase, partituras por el suelo, cotilleos, esperas en el pasillo. Gente con la que compartí diez años de mi vida.

Y me dio a Rebeca, mi profesora. Tuve mucha suerte con ella. Me enseñó a ser constante y a disfrutar de lo que estaba tocando, que no es lo mismo. Me animaba a probar otros estilos, a tocar cosas que no entraban en el programa. A salirme del currículum. Eso se lo agradeceré siempre.

No reniego de nada de eso. Me hizo músico y me hizo persona, y le debo casi todo lo que sé. Pero llegó un punto en que algo no encajaba.

El silencio

Por qué dejé la guitarra

Al acabar el grado medio, la dejé. Del todo. Me corté las uñas que había cuidado y limado durante años para sacarle el sonido exacto a las cuerdas. Estuve dos años sin subir a un escenario, sin aprenderme una partitura, sin tocar una canción.

No fue por nada que me hicieran. Fue, simplemente, que llevaba diez años tocando un repertorio que no había elegido yo. Un plan de estudios es un plan de estudios: tiene que ser el mismo para todos, y por fuerza deja fuera lo que a cada uno le llama. No es culpa de nadie. Es cómo está montado.

Y a mí me faltaba algo. Sabía tocar piezas preciosas que no me decían nada, y no sabía tocar la canción que llevaba semanas sonándome en la cabeza.

Creo que la música se debería enseñar en función de para qué la quiere cada uno. Hay quien quiere tocar. Hay quien quiere entender por qué esa canción le pone la piel de gallina. Hay quien quiere coger un tema y llevárselo a otro estilo, jugar con el ritmo, cambiarle los acordes. Todo eso es música. Y todo eso es igual de válido.

Un plan de estudios no puede hacer eso: no puede adaptarse a cada persona. Los buenos profesores lo intentan igualmente —Rebeca lo hacía—, pero van a contracorriente. Yo no tengo esa limitación. Y ahí empieza todo lo demás.

La vuelta

Lo que me hizo volver a cogerla

Un día cogí la guitarra y el móvil, y me grabé tocando. Enseñando acordes, ritmos, rasgueos. Sin partitura, sin programa, sin nadie que me aprobara.

No volví por la música. Volví por la cara que pone alguien cuando consigue tocar, por primera vez, la canción que lleva años sonándole en la cabeza.

He enseñado a personas a tocar canciones que escuchaban con sus abuelos. A una maestra, el villancico que iba a cantar con sus niños en la función de Navidad. Y ahí está todo: la música no es un examen. Es disfrutar, compartir, emocionarse, jugar con las notas, entender cómo un acorde te cambia el ánimo en dos segundos.

«Pedro, a mí me habría encantado aprender, pero ya es tarde, no tengo tiempo, eso no se me da bien.»

Lo he escuchado decenas de veces, a personas de todas las edades. Y cada vez pienso lo mismo:

Créeme que si yo he podido, tú también.

El nombre

Por qué «Sonido Propio»

Porque no quiero que copies. Quiero que la canción se vuelva tuya.

La música son emociones, y cada persona las siente distinto. No hay un «bien» ni un «mal»: hay cosas que te llegan y cosas que te dejan indiferente, y eso no es ni mejor ni peor. Lo que a mí me eriza la piel puede que a ti no te diga nada, y las dos reacciones son legítimas.

Poder tocar con tus propias manos la canción que te gusta, a tu manera, sin depender de que alguien le dé al play, siempre me ha parecido un superpoder. El superpoder de volver a un sitio, a un momento, a unas personas, con solo cuatro notas.

El método

La herramienta no es el fin

Aquí puede parecer que me contradigo. Por un lado te digo que en música no hay un «bien» ni un «mal». Por otro, he escrito y regalado doce artículos con física del sonido, psicoacústica, armonía y teoría musical de verdad. Membrana basilar, armónicos, temperamento igual, cadencias.

No hay contradicción. Son dos planos distintos.

Hay hechos objetivos. La membrana basilar funciona como funciona. Las relaciones entre las notas son las que son. Una cuerda pulsada cerca del puente suena más brillante, y eso no es opinable. La técnica de la clásica, la acústica y la eléctrica son distintas, y punto.

Y luego está lo que haces con eso. Ahí ya no hay reglas. Ahí solo estás tú, la canción y lo que sientes.

Todo eso mecánico es la herramienta. Nunca es el fin. El fin es disfrutar tocando, emocionarte y emocionar a quien te escucha. Transmitir algo con unas notas, unos acordes, un rasgueo.

Me niego a reducir la música a algo mecánico. En mi cabeza no funciona así.

Si estudio y enseño física del sonido, armonía o psicoacústica es por una sola razón: para comprender mejor por qué nos emocionamos, por qué sentimos, por qué recordamos. La teoría no está ahí para decirte qué está bien. Está ahí para explicarte qué te está pasando por dentro cuando una canción te pone la piel de gallina.

Por eso los apuntes son gratis. La herramienta no se cobra.

10años de conservatorio
guitarra clásica
12artículos de teoría
gratis y completos
0requisitos previos
para empezar
Para quién es esto

Para ti, aunque creas que no

Para el que empieza de cero y piensa que ya se le pasó el arroz. Para el que lleva años tocando los mismos cuatro acordes y siente que no avanza. Para el que quiere entender qué demonios está pasando cuando una canción le emociona.

No hace falta que quieras ser músico profesional. No hace falta que tengas oído. Hace falta que haya una canción que no se te va de la cabeza. Con eso basta.

Empieza por aquí

Los apuntes son gratuitos y son tuyos: puedes leerlos, descargarlos e imprimirlos. Sin registro, sin pedir nada a cambio.

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— Pedro